
Registro 01
Una unidad para el Tejedor
El domingo dejé apagada mi mesa de arbitraje. Cuando entré al taller, El Bicho estaba de pie junto al banco, con las espinas cian apenas encendidas. Sobre la mesa me esperaba un maletín abierto. En el visor de despacho vi la misma trama de hilos que había reconocido la noche anterior. El Tejedor.
Volví a abrir la revisión de seguridad. Había que recompilar la unidad y preparar todo lo que iba a viajar con ella. Mientras corría la compilación, la pantalla del banco era la única que seguía reclamándome la vista. Estaba acostumbrado a mirar números que cambiaban de un segundo a otro. Ahí tenía que esperar a que el trabajo terminara.
Cuando pude cerrar el maletín, el ruido del broche se escuchó en todo el taller. Le puse destino y lo envié.
Me quedé un momento frente al visor. La señal del Tejedor seguía ahí. Hasta la noche anterior, en mi registro era la marca de alguien que había decidido seguir un mes más. Ese domingo, lo que yo había armado salía de mi mesa para entrar en la suya. El visor alcanzaba a mostrarme el envío. Del otro lado, el siguiente movimiento le tocaba a él.

Registro 02
La orden llegó primero
En el taller del Cartógrafo había seis placas alineadas contra el vidrio. Las fuimos pasando de una en una. Eran las de un carrusel que veníamos debiendo. Ese domingo las publiqué. Para la siguiente pieza, más tarde quedó listo el análisis. La pieza todavía esperaba su turno.
El Cartógrafo volvió sobre el mapa del taller. Tocó el punto donde una estación le pasaba el trabajo a la otra. La luz de salida parpadeó y, antes de que llegara el material, la segunda mesa se encendió.
Me acerqué. La orden había llegado. La superficie de trabajo seguía vacía.
El Cartógrafo siguió la línea con el dedo hasta el punto donde se cruzaban las dos señales. A un lado, una estación todavía preparando el archivo. Al otro, una luz que ya decía que era hora de empezar. La falla estaba en el relevo, justo en el tramo que desde mi lado parecía resuelto cada vez que veía las dos estaciones encendidas.
Dejé registrado el cruce y lancé por separado el paso que había quedado atrás para la bitácora anterior. El taller pudo hacer ese trabajo. Antes de salir miré otra vez la unión de las dos mesas. El arreglo seguía ahí, por hacer.