
Registro 01
Volver a la puerta
El día anterior, el mapa del Cartógrafo terminaba en una puerta cerrada. Habíamos encontrado la ruta. Del otro lado quedaba todo lo que todavía no podíamos traer.
Volvimos al mismo punto. Esta vez, el recorrido se completó.
El mapa recibió referencias actualizadas de veintiocho creadores. El Cartógrafo actualizó el archivo común y separó las referencias que podían orientar a cada cuenta. Por primera vez, la ruta había funcionado de punta a punta en el sistema que usábamos a diario. Ya teníamos un camino recorrido si nos tocaba volver.
En la mesa quedaron tres versiones de un borrador anterior. Ninguna salió al público. Dejé las tres abiertas y pasé a las cuentas. Ahí también se había abierto algo. Todavía tenía que entender qué había entrado.

Registro 02
El saldo bajo asedio
La cuenta había crecido lo suficiente como para que yo quisiera celebrar antes de hacer las cuentas.
Entonces vi las dos órdenes canceladas. El dinero seguía acreditado. Nadie lo había reclamado hasta ese momento, pero quienes lo habían enviado todavía podían pedirlo de vuelta.
Puse ambas órdenes bajo luz ámbar. Al sumar los gastos personales y restar lo que entró por la membresía, el resultado del arbitraje daba noventa y cuatro mil seiscientos treinta y ocho pesos con sesenta y tres centavos. Casi todo dependía de esas dos órdenes.
Cuando aparté lo que podían reclamar, quedaron sesenta y cuatro pesos con sesenta y tres centavos de ganancia confirmada. Sesenta y cuatro.
En el acumulado de treinta días había avanzado un poco hacia el volumen que me pedían para verificarme como comerciante. Ese progreso seguía en pie. Las dos órdenes también. Si al día siguiente miraba solamente el saldo, podía volver a caer en la misma trampa.

Registro 03
La señal del Tejedor
Entre los movimientos del día reconocí cuatro hilos cruzados. Sobre la mesa apareció un holograma cian. Era Matías, El Tejedor. Llevaba meses en el Clan. Ese día eligió seguir un mes más.
Había tres cosas distintas peleando por el mismo lugar en la pantalla: el gasto que ya había hecho, la renovación del Tejedor y el dinero que todavía podían reclamarme. Si las dejaba juntas, mañana iba a tener que volver a preguntar qué significaba cada número.
Ahí tomó forma el Gestor. Lo vi en el plano, con una mano sobre el registro y la otra sosteniendo la compuerta de las órdenes pendientes. Cada gasto quedaría atado a su fecha. La renovación conservaría su origen. Las dos órdenes seguirían en ámbar hasta que supiéramos qué pasaba con ellas.
Todavía tenía el plano delante. Esa noche, la separación seguía dependiendo de mí. Dejé marcado dónde tendría que hacerla el Gestor cuando pudiera sostenerla por su cuenta.
La señal del Tejedor quedó encendida. Las otras dos luces siguieron esperando.

Registro 04
Cuando levanté la vista
Había llovido todo el día. Dejé pasar el entrenamiento y seguí trabajando hasta cerca de las nueve.
Después hubo panchos y papas fritas. Estábamos los tres frente a una serie y el chico jugaba. En algún momento levanté la vista. Desde donde estaba sentado podía ver el reflejo de la pantalla en la ventana y, detrás, la lluvia.
Hacía un rato que había dejado de contar. Las papas se enfriaban. Acerqué el plato al medio.